COMO ESCRIBIR BIEN - NÚMERO 1 - MARZO 2026
CONSEJOS DE ESCRITORES
1. “La mejor manera de saber si eres escritor es escribir todos los días.” — Ernest Hemingway
Hemingway era un firme defensor de la disciplina. Se marcaba el objetivo de escribir entre quinientas y seiscientas palabras al día, aunque en ocasiones duplicaba esa cifra si sabía que al día siguiente no podría dedicar tiempo a escribir.
Si lo piensas, quinientas palabras al día no es una meta inalcanzable, incluso para quienes tienen horarios complicados. Es una cantidad razonable, lo suficientemente pequeña como para no intimidar, pero lo bastante significativa como para avanzar de manera constante en tu manuscrito.
Además, este hábito mantendrá viva tu historia y te ayudará a tomarte la escritura en serio, como un trabajo de verdad. Ser escritor no depende de esperar por la inspiración, sino de sentarte cada día frente a la página en blanco.
2. “No empieces escribiendo novelas. Escribe cuentos breves. Escribe uno a la semana. Es imposible escribir 52 malos cuentos seguidos.” — Ray Bradbury
Escribir una novela puede ser un desafío: es un proceso largo y a veces abrumador. Si aún eres principiante, tal vez sea mejor empezar con la escritura de cuentos, que son más manejables. Puede que algunos no salgan como esperas, pero la constancia y el esfuerzo te harán mejorar semana tras semana.
Si, por el contrario, te lanzas de lleno a escribir una novela de buenas a primeras, te dedicas un año a ella y no logras terminarla, la sensación de fracaso podría hacer que abandones la escritura. Ve paso a paso y cosecharás los frutos de tu esfuerzo.
3. “Para ser escritor, debes hacer dos cosas sobre todo: leer mucho y escribir mucho.” — Stephen King
La práctica y la rutina vuelven a ser protagonistas. Si tres grandes escritores lo destacan, será por algo, ¿no crees? Pero Stephen King añade un ingrediente esencial a la ecuación: leer mucho. Leyendo descubrimos técnicas, recursos y formas de narrar; aprendemos con cada frase, lo cual nos ayuda a mejorar como escritores.
Al fin y al cabo, no tendría sentido aprender a tocar un instrumento sin escuchar a otros músicos. Con la escritura sucede exactamente lo mismo: leer es una gran escuela.
4. “Lee siempre como escritor, no sólo como lector.” — Mario Vargas Llosa
Este consejo complementa perfectamente al anterior, porque no se trata sólo de leer, sino de hacerlo con atención, buscando los engranajes que hacen funcionar cada libro. Es cierto que esto puede quitarle magia al placer de la lectura, pero hay formas de equilibrarlo. Por ejemplo, puedes hacer una primera lectura normal para disfrutar la historia y una relectura más analítica, fijándote en los detalles.
Sea cual sea tu método, lo importante es sacar el máximo partido de lo que lees. Cada libro tiene algo que enseñarte y una lectura atenta puede marcar la diferencia en tu camino como escritor.
5. “Escribe lo que te gustaría leer. Esa siempre es mi regla de oro.” — J.K. Rowling
No puedo estar más de acuerdo con esta idea, y no sólo en la escritura de ficción. De hecho, la aplico también a Literautas, creando la página que a mí me gustaría leer y en la que me encantaría participar. Me parece lo más honesto y es lo que me permite disfrutar del proceso, manteniendo el entusiasmo para seguir adelante. Además, crear con este planteamiento en mente te garantiza una cosa: ¡ya habrá por lo menos una persona en el planeta a la que le guste tu trabajo!
6. “La primera línea de un libro es tan importante como la última. Es lo que convence al lector de seguir leyendo.” — Gabriel García Márquez
Si esto siempre ha sido importante, hoy en día lo es aún más. Con la enorme cantidad de libros que se publican y el ritmo de vida apresurado que llevamos, captar al lector desde el primer momento se ha vuelto crucial. Si no logras atraparlo con tu historia desde el comienzo, es muy probable que abandone el libro y pase a otra historia. Opciones no le faltan. Por suerte, existen técnicas y recursos para dominar el arte de escribir primeros párrafos, enganchar al lector y dejarlo con ganas de más.
7. “No dejes de escribir porque no sabes cómo será el final. Si te bloqueas, escribe otra parte de la historia.” — Margaret Atwood
Esto se aplica tanto a la escritura como a la planificación, de la que soy una firme creyente. Si te encuentras atascado en una parte de la historia, no desesperes. Da un paso atrás y trabaja en otro fragmento, dejando que las ideas surjan de forma natural.
A veces, centrarnos demasiado en un obstáculo nos mantiene atrapados, frustrados y nos lleva a la derrota. Es posible que aún no tengas la respuesta a cómo desarrollar esa trama porque, para encontrarla, necesitas construir otras partes de la historia que, con el tiempo, arrojarán luz sobre todo el conjunto.
8. “No tengas miedo de eliminar tus parte favoritas.” — William Faulkner
Esto es algo más fácil de decir que de hacer, porque todos nos empecinamos de vez en cuando en mantener esa escena que tanto nos costó escribir, o a ese personaje que tanto nos enamora. Pero, a veces, hay que hacer un esfuerzo y pensar en global. Si es algo que estorba, si ves que quitarlo va a mejorar el texto, no lo dudes. Cárgatelo. Piensa en la historia como un todo y no como una suma de sus partes.
9. “Escribe malos borradores. Nadie necesita verlos excepto tú.” — Anne Lamott
Lo que intenta explicar esta escritora es que la primera versión de tu historia no puede (y seguramente no debe) ser perfecta. Lo importante es que la escribas, que construyas las tramas y los personajes, que le des forma a ese universo de ficción. Ya habrá tiempo luego para arreglar los fallos. Si te detienes en cada párrafo para intentar perfeccionarlo, no avanzarás y, probablemente, nunca terminarás.
10. “No temas escribir demasiado. Es más fácil recortar que añadir profundidad después.” — Anne Rice
En la misma línea que la anterior, Rice nos invita a escribir sin cortapisas el primer borrador, porque siempre es más fácil quitar que añadir. De hecho, yo creo que la escritura del primer borrador es el momento en el que podemos ser más libres y no debemos tener miedo de escribir todo aquello que nos apetezca. Nadie más va a leer ese texto y ya verás más adelante si es necesario eliminar o modificar alguna parte para que la historia funcione mejor.
11. “Escribir es como construir una casa: necesitas una base sólida, pero también tiempo para pulir cada rincón.” — Claudia Piñeiro
No olvides que escribir no es una maratón, sino una carrera de fondo. Si te apresuras para terminar el texto, no lo revisas bien y no pules los detalles, es posible que el resultado no sea el que buscabas. No tengas prisa. Respeta tu trabajo, disfrútalo y dedícale a cada historia el tiempo que necesite para ser contada como merece.
12. “Escribir es sacar las vísceras. Sólo siendo honesto y exponiéndote dejas huella en el lector.” — Rosa Montero
Aunque lo hagamos bajo el disfraz de la ficción para no exponernos tanto, escribir es un acto en el que nos desnudamos por dentro con cada frase. Al menos debería ser así si queremos aportar algo más allá del simple entretenimiento. Piensa que las historias de ficción son una de las formas más profundas y maravillosas de ponernos en la piel de otros, de vivir otras vidas y, en última instancia, conectar con otros seres humanos.
13. “Intenta no escribir partes que los lectores tiendan a saltarse.” — Elmore Leonard
Este es un consejo más técnico, pero entronca bien con el de J.K. Rowling de escribir la historia que quieres leer. Al revisar tu texto, intenta hacerlo con cierta distancia emocional. Si te aburre, quítalo o cámbialo, porque probablemente también aburrirá al lector. De hecho, esta es una pregunta que podrías plantearte incluso antes, mientras trabajas en el primer borrador: si te aburre escribirlo, seguramente te aburrirá leerlo.
14. “El que no se arriesga no escribe cosas interesantes.” — Carmen Martín Gaite
Atrévete a salirte de lo establecido, a saltarte alguna norma (aunque antes debas aprenderlas y dominarlas) y a escribir siguiendo tu instinto. Disfruta del proceso y no temas hacer algo que te parezca extraño o fuera de lo común si la historia te lo pide.
15. “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.” — Virginia Woolf
Como último consejo, uno que me parece de lo más acertado, porque tú eres el único límite para tu creatividad. Sé libre, no te pongas frenos al escribir y permítete explorar todas las posibilidades. La censura debe llegar sólo (si es que llega) en la fase de revisión, pero nunca en la de creación.
Uno de los recursos más usados
del Humor es ABZ (o DO RE SI). Consiste en una enumeración de elementos equivalentes
que se remata con un elemento discordante que provoca el humor. Porque Humor es
“Sorpresa Intelectual” según Macedonio Fernandez. O “Yo creía que” según
nuestra concepción. También se lo llama “algo donde no va”.
El Ejemplo más conocido es el que
dice: “Todo los que me gusta es ilegal, inmoral o engorda”.
Les Luthiers recurre mucho a este
mecanismo. En la Comisión, el Maestro Mangiacaprini interpretado por Nuñez
Cortes dice: “¿qué me dirían, si pudieran verme, los grandes genios de la
música? Beethoven, Mozart, Lady Gaga?”.
También dicen: “Tiraron por la
ventana las partituras, los instrumentos y
el compositor”.
O “nuestras calles estarían hoy
llenas de pornografía, de corrupción, de violencia... ¡de gente!
Seguimos
con; “Os amo, os amo, mujeres de mi harén. Zoraida, Sherezade, Zobeida, Farah,
Zimrut, Rosa, Zulma, Dalila, Zaida, Jazmin, Fátima, Mora, Farisad, Marien,
Amina, Zuleica, Axa, Dunia, Zoe y María
Angélica.
Agregamos:
“Estamos frente a esta gran letra O que representa nuestros principios: Orden
Organización, Honestidad”.
Concluimos con “Y esta es la
única obra que se conserva, gracias a su originalidad, gracias a su insólita
temática y Gracias a Dios.”
NOVELA ALFAJORES
NOVELA :
ALFAJORES– de Gaby Mardan
NOVELA:
ALFAJORES................................................................................................................................................... 2
CAPÍTULO 1. - Hogar...................................................................................................................................................... 2
CAPÍTULO 2. - Billar...................................................................................................................................................... 13
CAPÍTULO 3. - Mosquito.............................................................................................................................................. 20
CAPÍTULO 4. - Raqueta............................................................................................................................................... 24
CAPÍTULO 5. - Empanadas........................................................................................................................................ 27
CAPÍTULO 6. - Voley..................................................................................................................................................... 30
CAPÍTULO 7. - Papote.................................................................................................................................................. 37
CAPÍTULO 8. - Invitadas.............................................................................................................................................. 43
CAPÍTULO 9. - Desvío.................................................................................................................................................. 45
CAPÍTULO 10. - Accidente.......................................................................................................................................... 57
CAPÍTULO 11. - Hospital.............................................................................................................................................. 67
CAPÍTULO 12. - Casino................................................................................................................................................ 74
CAPÍTULO 13. - Quincho............................................................................................................................................. 78
CAPÍTULO 14. - Renuncia........................................................................................................................................... 89
CAPÍTULO 15. - Pesados............................................................................................................................................ 97
CAPÍTULO 16. - Hijo.................................................................................................................................................... 100
CAPÍTULO 17. - Camión............................................................................................................................................ 111
CAPÍTULO 18. - Campera......................................................................................................................................... 113
CAPÍTULO 19. - Iglesia............................................................................................................................................... 119
CAPÍTULO 20. - Ezeiza.............................................................................................................................................. 122
CAPÍTULO 21. - Renuncia......................................................................................................................................... 127
NOVELA:
ALFAJORES
CAPÍTULO 1. - Hogar
Mariano abre la puerta de su edificio. Cuando está por
entrar, se arrepiente y cruza la calle. Se acerca a un auto, mira su interior,
apoya su mano en cada una de las cuatro ventanillas y mira el auto desde atrás
y su interior. Finalmente apoya la palma derecha abierta y dos dedos de la
izquierda sobre la ventanilla del conductor.
“Siete”, piensa. La “Regla del Siete”. El “siete” que
apoya con sus manos sobre la ventanilla, debería ayudarlo a no olvidarse de la
rutina que se fijó previamente para cada vez que se baja del auto. Controlar
las cuatro ventanillas cerradas, haber sacado el estéreo, los seguros puestos y
las luces apagadas. Siete controles. Cuenta mentalmente: uno, dos, tres,
cuatro, cinco, seis,siete. Es la costumbre que se fijó para hacer los
controles. Esa rutina rebuscada y exagerada es lo que le ayuda a no olvidarse
del control que tiene que hacer. A los diez minutos de dejar el auto, no va a
dudar si controló o no controló. Es obvio que se va a acordar si hizo la
payasada de contar en voz alta, y que dudaría si tuviera que recordar: “¿me
fijé o no me fijé?”. Cuando su madre le contó que olvidó la canilla de la
cocina abierta, provocando una molesta inundación a su casa y la del vecino de
abajo, Mariano le recomendó: “Cada vez que cierres la canilla, tenés que pensar
en una palabra ridícula, como por ejemplo “paraguas”. Cuando estés acostada en
vez de tratar de recordar la difusa idea de si cerraste o no, te será mas fácil
intentar recordar si dijiste “paraguas” o no.
La “Regla del Siete” para no repetir los imperdonables
descuidos de los últimos meses. Una vez dejó las luces encendidas. Otra, la
baliza. Con la misma consecuencia. Batería descargada al día siguiente. Por
suerte el A.C.A. había llegado rápido para la recarga. Pero el olvido de la
semana anterior fue ridículo e imperdonable. Con consecuencias sumamente
injustas.
Cuando salió a la mañana de su casa, antes de cruzar
hacia su auto, le llamó la atención no ver reflejo alguno en la ventanilla
delantera. Enseguida sospechó algo malo. No veía cristales rotos en la calle,
por lo que antes de llegar al auto ya estaba seguro que él mismo había olvidado
cerrar la ventanilla.
Lo que encontró en el auto, era lo previsible. Y a la vez,
insólito. La guantera abierta, y todo lo que guardaba en ella desparramado
entre los dos asientos delanteros. Extrañamente el estéreo estaba intacto. Y lo
insólito: estaba en su lugar el frente
desmontable que Mariano con poca previsión y mucha pereza, deja debajo del
asiento del acompañante. Mariano respira aliviado al confirmar que su principal
valor robable estaba intacto. La segunda grata sorpresa fue comprobar que las
cosas que siempre lleva en su baúl (innecesarias como las reposeras y los rollers
de su hija), estaban intactas.
Vuelve Mariano al interior del auto, a inventariar lo
faltante. CDs de audio copiados, lentes de sol de valor nulo y ¡las pastillas
que siempre lleva en su auto para atenuar el tedio de viajes largos y esperas
en los semáforos!. Ve el tablero todo manchado de blanco, y en seguida
reconstruye lo sucedido. Mariano siempre guarda un frasco de gas pimienta, que
jamás usó y tendría pánico de usar. Pero siempre se siente más seguro de llevarlo
a mano. Podría ser contra un camionero que quisiera golpearlo por algún
incidente de tránsito accidental. Duda mucho si tendría tiempo y valor, para
intentar repeler un intento de robo rociando el spray.
Mariano deduce (o intuye) que quienes entraron al auto,
no eran chorros. Seguramente un par de adolescentes no resistió la tentación de
entrar a un auto tan seductoramente abierto. Y se metieron más para jugar que
para robar. Por desconocimiento de técnicas delictivas ni intentaron sacar el
estéreo, y solo tomaron lo que estaba a mano para su uso personal: lentes, CD,
pastillas. Objetos imposibles de transformar en efectivo. Y en la travesura,
jugaron a rociar el gas pimienta tan solo para “ver cómo es” o provocar
jocosamente al compañero. Y más que seguro, que aunque no se lo hayan rociado
directamente al cuerpo, hayan impregnado tanto el interior del auto con el
picante líquido, que tuvieron que salir por propia voluntad. El primer caso de
robo, donde los ladrones escapan por auto-auyentamiento.
Y la gran injusticia mencionada antes, es que Mariano
casi no sufrió ninguna pérdida. A pesar de su imperdonable descuido de dejar la
ventanilla abierta. A pesar de su crónica pereza de no llevarse el frente del
estéreo cuando baja del auto o de dejar cosas en el baúl que no necesita.
Mariano merecía ser robado. Y no lo fue. Una verdadera injusticia
La anécdota, intrascendente si se quiere, no le ocurrió a
Mariano realmente. Le sucedió a Alberto, el autor de la novela de Mariano. Si
bien, Mariano, desconocedor de su carácter de personaje imaginario, no podría
pensar que Alberto es su biógrafo.
Es que Alberto ni siquiera es escritor. O sí. Esta es la
primera vez que intenta escribir una novela. Sin haber pasado por la
obligatoria etapa previa de escribir cuentos. Un despropósito o una arrogancia.
O ambas. O ninguna. Porque en realidad Alberto tampoco es tan neófito e
inexperto. Hace más de 10 años que hace cursos de Guion y Dramaturgia. Algunos
de sus guiones ganaron premios medianamente importantes, pero ninguno se
realizó. Lo único de lo que escribió Alberto que alguna vez fue realizado y
representado, fue una Obra de Teatro sobre tres mujeres y sus diferentes
posiciones sobre la maternidad. “Si París” el título, aludiendo tanto al origen
de la cigüeña símbolo de la maternidad y al verbo parir. Un muy buen juego de
palabras a los que es adicto Alberto. Y que disfruta mucho ideando, pero
padecen sus interlocutores porque sus supuestas ingeniosidades lingüísticas son
catalogadas con la lapidaria calificación de “chiste malo”. Sobre todo por sus
hijos adolescentes. Solo él parece disfrutar con su neologismo
“auto-auyentamiento” en un auto.
¿Y qué pasa con la “regla del
¿Cómo podría incluirse en una película? Habría que buscar
un coprotagonista para que Alberto le cuente su cuasi robo a su auto. Y que le
cuente la metodología que se autoimpuso de hacer siete controles antes de bajar
del auto. Y así poder verbalizar sus ideas. Demasiado trabajo, crear un
personaje solo para poder incluir esa idea. Y sobre todo que refiere a una
anécdota tan poco interesante. Acá no hay imagen que valga mil palabras, no hay
forma posible de expresar la idea con una imagen, un gesto. En este momento el
casi guionista Alberto, se complace de los recursos narrativos que le ofrece el
nuevo género novelístico incursionado.
Volvemos a Mariano, de quien aún no sabemos nada. Solo
que estaba por entrar a su casa. Él tiene 40 años, se ve joven y es atractivo,
pero parece agobiado. Vestido con un traje opaco y llevando un maletín en su
mano, entra a su casa. Lo reciben (o no) su esposa Luisa y su hija Agustina de
15 años.
MARIANO
Espera respuesta desde adentro del departamento, que no
llega
mariano
Mariano camina por la casa hacia su
dormitorio, mientras se saca el saco. Su mujer está peinándose frente a un
espejo en el cuarto.
elena
mariano
elena
¿No ibas a la despedida de Maximiliano?
mariano
Ahora voy. No iba a ir así vestido. ¿y Agu?
elena
mariano
Ahh..¿para que te estás arreglando?
elena
Mariano la mira, esperando que sea mas explícita.
elena
mariano
¿Van a ir de levante? Ella siempre está a la pesca...
elena
Como la tenés con mi hermana. Aprovecho a que no estás
vos para salir con ella porque no te la bancás, pero igual la seguís
criticando.
mariano
Uy, siempre lo mismo. Voy a saludar a la nena
elena
No le digas así porque te mata.
Mariano va hacia el cuarto de su hija. Abre la puerta,
y ve a Agustina sentada en el suelo hablando por el teléfono inalámbrico. Al
ver entrar a su padre, interrumpe intempestivamente la conversación y mira a
Mariano con gesto fulminante
agustina
(tapando el teléfono con la mano)
mariano
Sale del cuarto, cierra la puerta, golpea y vuelve a
entrar sin esperar la respuesta.
mariano
agustina
Pará Jonathan, que lo saludo a mi papá
mariano
Ayy, Jonathan. Perdoname, no sabía que hablabas con
él. Me había olvidado que hace como 40 minutos que no se hablan.
AGUSTINA
MARIANO
¡Nooo!. Hablá con Jonathan que es más importante que
yo.
Mariano se queda al lado de su hija, y hace gestos de
tocar el violín como dándole un trasfondo romántico a la charla de su hija.
Se
va divertido ante los gestos de fastidio de Agustina. Mariano está convencido
de que es un padre canchero y divertido, pero ignora que en muchas ocasiones su
hija siente vergüenza de él. Cuando la lleva o trae a una Fiesta de 15 con sus
amigas, pretende incorporarse a la conversación de las chicas con chistes y
comentarios que el supone de padre moderno, joven y canchero, pero en realidad
Agustina desearía que solo se limitara a manejar y no escuche sus
conversaciones pretendidamente íntimas con sus amigas.
Comentarios del estilo “¿Les gusta ese bomboncito que
las está relojeando, chicas?” provoca en Agustina la necesidad de bajarse del
auto, o humillarlo delante de sus amigas con “Papá, no digas boludeces” que aún
no sabe si no llegará el día que se anime a semejante “apostrofamiento”. Y
Mariano no solo piensa que las amigas de su hija lo ven como un padre piola,
sino que mantiene la ilusoria arrogancia que alguna de las chicas lo considere
atractivo. Inconscientemente juega al rol del seductor, pero sin ninguna
segunda intención.
Va hacia su
dormitorio donde encuentra a su Elena en ropa interior extendiendo un vestido
sobre la cama, como preparándolo para ponerse. Mariano mira a su mujer con
entusiasmo.
mariano
(se acerca y la abraza para atrás)
Desliza libidinosamente las manos por los generosos
muslos de Elena
elena
¿No te ibas vos? Ahora no puedo. Lo dejamos para el
sábado, ¿eh?
mariano
¿El sábado? Esperá que me fijo en la agenda.
elena
Dale que se me hace tarde. Y a vos también
mariano
elena
¿No te dije que me encontraba con mi hermana a tomar
un café
mariano
Te vas de
reviente con la separadita.
elena
No empecés de vuelta con lo de mi hermana.
(le acaricia la mejilla, compradora).
Dale, andá con tus amigos y divertite que yo no te
digo nada. Vos no cuestionés a Raquel
mariano
¿Por qué no me habías dicho que salías con Raquel?
elena
Gordi, te lo dije. Lo que pasa es que no me escuchás
cuando te hablo.
Pasa Agustina por la puerta de la habitación, y
Mariano la llama
mariano
Agu, ¿vos también vas a salir?
agustina
Mariano hace gesto de no saber que contestar. Va a la
cocina, abre la puerta de la heladera y agachado escudriña el interior. Toma
una milanesa de la fuente, la sostiene mordiéndola con los dientes, y con las
manos libres saca una botella de gaseosa y se sirve de un vaso. Parado en la
cocina come la milanesa con la mano mientras toma del vaso. Se limpia con un
repasador, toma las llaves de la mesa y se dispone a salir del departamento
mariano
(pausa esperando respuesta que no llega)
ELENA y AGUSTINA
Mariano sale del departamento con gesto resignado. Él
se siente feliz con su familia, pero hay situaciones como la reciente que lo
incomodan. Y no alcanza a darse cuenta por qué. Quiere a su esposa y a su hija,
pero a veces se siente incómodo en su propia casa. Como que no logra encontrar
su lugar.
¿Dónde quedó su nena adorada a la que le leía cuentos
a la noche, o le daba la mano cuando caminaban por la calle? Mariano recuerda
cuando la llevaba al jardín o al colegio, y todos los años cumplía el ritual de
mostrarle el color de las hojas de los árboles, que preauguraban una nueva
estación. Y le explicaba a Agustina sobre las hojas secas que se caen en otoño,
y porque el árbol necesita desprenderse de esas hojas que no van a cumplir su
función de absorbedoras de la energía solar, se caen en los meses fríos, y que
es mejor no tener que alimentarlas en los meses de carencia de los cálidos
rayos nutrientes, y se pregunta Alberto si tiene idea de lo que dice, o si no estará
bolacenando a su nena, y porque mejor no se fija en una enciclopedia antes que
improvisar saberes como si fuera un erudito. Y se queda pensando como esquivar
algunas palabras inconvenientes, para no hacer un crudo paralelismo diciendo
“como sus hojitas-hijitas queridas no le sirven más en invierno, el árbol en su
filosofía utilitaria decide desprenderse de sus hojas en la cruel secuencia:
“se secan muertas de sed” y “caen para ser pisoteadas”.
Recuerda Mariano el cuerpito liviano de su nena
adorada, que le permitía jugar a ella a que era un instrumento de música. La ponía
en su falda, y estirándole un bracito como si fuera el mástil, con la otra le
rasgaba la panza como a una guitarra. Y después la ponía boca abajo sobre su
falda, y con rítmico palmoteo sobre su cola, le decía que era un tambor. Y tomándole
los bracitos, golpeaba uno contra otro como si fuera un toc-toc. Y puesta boca
arriba, hacia la pantomima de un piano con un teclear de cosquillas, que
disfrutaban los dos. Un juego perfecto, con incontables variantes.
No es que Agustina adolescente no sea cariñosa, lo
sorprenda con un beso o le prepare un postre. Pero Agustina lo reta cuando
maneja, cuando se viste mal o cuando dice un chiste malo. ¿Cuándo invirtieron
los roles y pasó Mariano de padre retador a padre retado? ¿Cuándo dejo él de
imponer las reglas de la casa?
Alberto,
nuestro novel novelista (Novel-ista futuro Nobel-ista, no se resiste Alberto a
los juegos de palabras), detiene su escritura para reflexionar. Hoy su hijo
varón tiene 16 años y su hija 14 años. Tantos años hace que empezó a escribir
el guion, que su propia hija se acercó a la edad de Agustina. Todavía sigue
siendo una nena (cree Alberto) con cuerpo de señorita. No se parece aún a
Agustina. Pero, ¿Cuánto le faltará?
Mariano
también se replantea la relación con su mujer. Añora las épocas de recién
casado o Agustina chiquita, y cree que en ese tiempo todo era más natural y
espontáneo. Hoy siente o presiente que para todo “hay que pedir permiso”. O tal
vez no sea para todo, y es solo la frustración del momento de cama que le
fantaseó ver a su mujer en ropa interior. No tiene duda de que Elena le sigue
atrayendo, a pesar de algunos rollos y arrugas de los años. Y sabe muy bien que
le gusta. Cuando va a las reuniones de padres del colegio, ve las otras madres
de la edad de su esposa, y no imagina que puedan atraer a nadie a su cama. Está
muy seguro, que entre todas elegiría a su mujer. Bueno, las madres de Carolina
y Brian podrían competir también con Elena.
Mariano
todavía escucha las palabras de Elena: “el sábado”. ¿Es una invitación o una
evitación al grato momento de cama? Para Elena, ¿todavía es placer, o solo
obligación conyugal? Que lejanos tiempos de recién casados, donde al llegar a
casa, su mujer se le tiraba encima (literalmente) y se revolcaban en el piso. O
cuando le armaba escenas motivadoras, como la de cocinar solo con el delantal
puesto y una invitadora mesa de la cocina, sobre la que, con aparente descuido,
había dejado potes con miel o dulce de leche, o masa, que luego serían
incorporados al intempestivo juego erótico sugerido por Elena. No está
disconforme Mariano con la frecuencia actual de encuentros con Elena. Pero le
viene a la mente un adjetivo, que prefiere ahuyentar y no ver: sexo
burocrático. Se incomoda levemente ante esa hipótesis, y se esfuerza por
cambiar de pensamiento. Y se enfoca en una única idea: el sábado.
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